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EL GPS Interior

 

 

En el último año, he mantenido una conversación con varios compañeros/as. Trabajamos todos en ramas artísticas de teatro, artes plásticas, música en colegios e institutos.

Todos estamos metidos en diferentes corrientes espirituales de origen oriental como puede ser el yoga, la meditación el chi kun y en corrientes de psicología humanista como la Gestalt, la terapia transpersonal…  todos vemos que tiene una importancia enorme en nuestro desarrollo artístico y en el bienestar personal. El debate nace  cuando hablamos de la combinación de arte y espiritualidad en las enseñanzas que realizamos en los coles. Ambos elementos convergen? Es adecuado aunarlo? Nos estamos yendo del objetivo de nuestro trabajo? Es una mezcolanza sin ton ni son?

 

Creo que para ir arrojando luz habría que preguntarse:

¿Qué tiene en común las disciplinas artísticas y algunas disciplinas espirituales?

 

El Dr. Claudio cuando habla de meditación y psicoterapia humanista suele apuntar a la teoría de Maclean y los tres cerebros. El  neocortex (cerebro racional), el  cerebro emotivo y el cerebro reptiliano  (instintivo). En Una persona “sana” estas tres partes actuarían de forma equilibrada. En la mayoría de los sujetos no sucede así, habiendo un predominio de la mente racional que secuestra/anula las funciones emotivas e instintivas.

Naranjo señala que la meditación ayuda a apaciguar los impulsos controladores del ego que están relacionados con la mente racional, esa voz de nuestra cabeza que nunca se calla. En efecto a través de la atención plena en la respiración vemos como esa voz (el mono loco) se va apaciguando. Cuando esto sucede Naranjo apunta que hay una mayor regulación auto-organística, es decir, el cuerpo va retomando su propia sabiduría y comienza a gestionar también desde lo emocional y lo instintivo, generando espacio y una mayor autenticidad.

 

En el proceso artístico sucede los mismo. Buscamos salir de la mente racional haciendo ejercicios que nos llevan al cansancio total, al absurdo, a la desinhibición y la espontaneidad. Para ellos realizamos técnicas de improvisación teatral, escritura automática, el despertar de la conciencia en el cuerpo, la escucha de los lenguajes invisibles de las energías, los impactos…

 

Ambas disciplinas buscan entrar en lo profundo y para ello intentan salir de la cárcel del neocortex y entrar en un equilibrio donde emocionalidad, intuición y racionalidad operen armónicamente.

 

 

La siguiente pregunta sería; Con qué objetivo se realiza esta búsqueda?

 

El arte se puede usar con muchos fines, agradar, provocar, emocionar, vender….

En cambio las corrientes de psicología humanista y las técnicas espirituales buscan el bienestar y el desarrollo del individuo hacia cuotas más altas de  libertad.

Este es el gran punto de ruptura.

Así en una clase de teatro podemos hacer un ejercicio sobre presencia

 

Ej. Caminar por el espacio mientras todos nos miran.

 

Desde un enfoque teatral clásico daríamos pautas para crear presencia escénica neutra o crear un determinado personaje pero con presencia escénica.

 

En cambio, desde el punto de vista de educación humanista buscaremos ver en el cuerpo del alumno/a como se siente y como se posiciona en el mundo. Que esconde y cómo lo esconde y comenzamos a dar pautas para que ese niño/a y el resto de sus compañeros/as  vayan viendo más allá. La teoría de meditación  nos ayudará a dar claves claras. Cómo te sientes? Dónde está en tu cuerpo la sensación más fuerte? Puedes describirla? Tienes espacio alrededor? Dibuja hasta donde llega el espacio?.... son lenguajes meditativos que se asemejan mucho con los lenguajes teatrales pues ambos buscan entrar en lo profundo en lo que va más allá de la apariencia superficial que percibimos con nuestro ojos y nuestra mente racional.

 

La diferencia fuerte es ¿Hacia donde direccionamos este conocimiento?

 

En este sentido las corrientes  de psicología humanistas que beben de las disciplinas espirituales orientales, principalmente de la vipassana, pueden ser de gran ayuda. Hacen que el trabajo no se quede en abrir fogonazos sueltos de espacio y espontaneidad. En cambio puede ser una guía para la gestión emocional y el desarrollo humano que sirva como un GPS interno que nos oriente en las muchas tormentas y cruces de caminos  con los que nos topamos a lo largo de la vida.

Claudio Naranjo es un referente para muchos de los que estamos en la búsqueda interior y en la búsqueda de como educar para ayudar a las niños/as  a ser más felices, y más libres de la plaga de neurosis que nos azota.

Cada vez se oyen más críticas al modelo educacional que busca crear piezas para el sistema de producción capitalista y se olvida, en su necia inercia, de que todos somos seres humanos que no hemos venido aquí para producir y consumir.

Claudio Naranjo es un buscador que nos ha allanado el camino a otros/as que buscamos. Meditador de vipassana, cuando le leo siempre está impregnada la práctica en sus libros y sus reflexiones. NO sigo la Gestalt ni el Eneagrama, pero encuentro en sus libros líneas de puntos que enriquecen la práctica meditativa.

Pongo aquí uno de sus artículos sobre educación, pues bebemos de las mismas fuentes y este señor es un grande.

http://planosinfin.com/los-educadores-reconocen-que-los-trastornos-de-la-atencion-son-una-respuesta-sana-una-educacion-insana/

 



La inspiración , confieso, me ha venido al leer estas bellas palabras :


ESTA DANZA IMPERFECTA


Nunca ensayamos esto
Somos un desastre
Temblamos y sudamos
Le pisamos los pies al otro
Y a veces nos salimos de tono
Y olvidamos nuestras líneas
Pero al menos, esto es real
Al menos, no estamos vivos a medias
Enterrados bajo el peso de alguna imagen
En la que realmente nunca creímos
Siempre preferiré esta danza imperfecta
Por encima de cualquier otra


- Jeff Foster


Y pensándolo bien, el baile nos proporciona una metáfora muy adecuada para desarrollar :


- La atención al presente.
- La expresión emocional.
- La regulación emocional.
- ….


Y por ende contribuir al desarrollo socioemocional integral.


La actividad gira en torno a algo que parece obvio, pero tiene su trasfondo,la pregunta clave es :


- ¿Qué es el baile?.


Hacemos esta pregunta , de manera general, con un turno abierto de respuestas.


Para muchos de nosotros/as, el baile es un estilo, unos pasos, un ritmo,…Podemos también después seguir con la pregunta/trampa :


- ¿Sabes bailar?.


La mayoría de nosotros/as, acorde con lo que pensamos del baile, responderemos que si o no, tal vez de manera parcial, pensando en un estilo/ritmo del cual sepamos algún paso.


Pero el baile y bailar es , si lo pensamos un poco, expresar una energía, el acto de mostrar y expresar esa energía que sentimos personalmente, frente a un estímulo musical. A través de ese estímulo, se nos brinda la posibilidad de expresar la manera personal de como lo sentimos, y compartimos con otros/as esa energía que nos alegra, nos energiza,…


Este proceso de expresión emocional, cuando es hecho sin filtros ni ataduras cognitivas, con plena conciencia, suele conllevar beneficios, y es un buen ejercicio para dejar atrás esos esquemas mentales, prejuicios, normas sociales, inseguridades también, y simplemente dejarse llevar y disfrutar de la expresión emocional, frente a un estímulo musical en este caso.


Si sentimos, de alguna manera u otra, a nuestra manera, sabemos bailar, esta es mi propuesta.


Buscaremos una música adecuada según el grupo y características, esta actividad se puede adaptar para todos los públicos.


Compartiremos nuestra expresión emocional desde lo que sintamos, frente a la música, y lo haremos con los ojos cerrados (se pueden tener unas vendas preparadas a tales efectos). Propondremos, que trataremos de ceñirnos lo mas posible a tratar de expresar sólo la energía que sintamos, dejando a un lado incluso aquello que conozcamos o sepamos, alrededor del baile, el estilo, o la pieza incluso que se vaya a reproducir.


En ocasiones sucesivas, se puede probar también la actividad con los ojos abiertos.


Transcurrido el tiempo, y de manera grupal, compartiremos tanto lo que hemos sentido, cómo la manera que nos hemos sentido al finalizar esta actividad de expresión emocional.

¿Han sido emociones positivas o negativas?. ¿Nos hemos sentido libres, contentos,…?. ¿Sólemos sentirnos así, en otras ocasiones?. Cuando en otra ocasión, hemos bailado o no, frente a otro estímulo musical, ¿Cómo nos hemos sentido?.


Hay un rico debate que construir, y alentar, alrededor de esta actividad, y podemos también adaptar el nivel de profundidad de este según el público con el cual estemos trabajando esta actividad.


¿Hubiera valido la pena no expresar esta energía, sólo por cuestiones sociales, de autoimágen,…?.


En teoría, incluso el mas vergonzoso del grupo, debería poder participar con las condiciones que proponemos.


Ya sabeis, espero vuestros comentarios si os parece de interés, y bueno os animo a probarla.


Tenía un tiempo que no compartía entre vosotros/as, nada nuevo, saludos!!!.

Voy a poner en marcha con esta reflexión un experimento comprobatorio de su propio contenido. La etapa laboral de la vida del que escribe se desenvolvió en un área que era lejana, al menos en esa época, de la psicología y de la ciencia de nuestro sistema nervioso. Por lo tanto requiere de la colaboración de quienes si saben de eso para poder acercarse a decir en forma correcta lo que siente y comprende dentro de su ignorancia natural de esas materias. Para ello se intentará que este escrito llegue a ese tipo de mentes, provoque su atención consciente y genere una reacción enriquecedora. Es uno de los milagros de la tecnología que nos aísla pero también nos intercomunica: disponer de una comunidad ajustada a tus intereses para compartir y aprender. 

Considero de alta conveniencia el enterarnos de cómo funciona el proceso mental que caracteriza nuestra vida y compromete el bienestar de todos y cada uno de los seres sintientes. Ello puede ayudarnos a participar de este proceso cuando tenemos interés en ello.

Hasta donde entiendo ‘atender’ significa poner la atención sobre algo o alguien. Y poner atención involucra los sentidos y la mente. Es decir, algo o alguien o uno mismo, es captado por alguno de los sentidos y comunicado al cerebro. Las neuronas espejo en el cerebro humano y en el de varias especies cercanas, se activan por esta sensación antes que ella se haga consciente en los que disponemos de esta capacidad. Aquello genera acciones instintivas inconscientes de miedo, de ternura, de imitación y otras con participación de secciones primitivas del sistema nervioso.


Es virtualmente posible que todas las sensaciones de los sentidos lleguen al sector consciente de nuestro cerebro, pero ello es materialmente imposible pues se trata de una cantidad inmanejable de información. La fracción que se podría hacer consciente de todo ello es impresionantemente baja. Investigadores han mencionado que, expresados como bits de información, de cada millón de bits de información que llegan por nuestros sentidos, sólo entre 5 y 10 bits podrían accesar nuestra conciencia. Por alguna de muchas razones posibles, la conciencia se percata sólo de algunas sensaciones. De aquí en mas lo que sucede son etapas secuenciales que involucran varias otras partes del cerebro: emoción, sentimiento, pensamiento y acción.


La parte consciente de este proceso mental que se repite permanentemente en nuestra vigilia, es el campo de aplicación de nuestra atención, del atender. Cuando no estamos adecuadamente entrenados en ello, el primer paso de este proceso – el darnos cuenta de lo que sentimos – puede pasársenos desapercibido si no ponemos profunda atención en ello. Y, hasta donde he podido entender, esa parte del proceso es fundamental. De ella dependen las reacciones que nos provoca la sensación siendo incluso posible no tenerlas si nos pareciera conveniente. Normalmente tras esta etapa de darnos cuenta de la sensación suele venir la reacción inmediata de agrado, desagrado o indiferencia respecto de la sensación lo que, generalmente, nos hace juzgar lo que percibimos. Si no nos es indiferente entonces pueden surgir sentimientos de todo tipo: alegría, tristeza, compasión, enojo, temor, etc. Todo esto forma parte de nuestras emociones y nuestros sentimientos. Estamos ya declaradamente en el proceso del pensamiento en el que nuestra mente, en base a lo sentido en el presente, recurre a los registros de memoria de experiencias acumuladas del pasado y relacionadas con lo experimentado ahora – registro que constituye nuestro profundo acondicionamiento - para generar inquietud, miedo, rencor en algunos casos y deseos, apego, ansiedad en otros. O también generar inquietud y preocupación frente al futuro. Nuestras acciones, de cualquier índole, obedecen a las conclusiones a que arribamos tras este proceso mental.


Si esta secuencia del proceso es correcta, y creo que en lo medular lo es, se nos hace posible intervenir y participar en el proceso consciente que alimenta nuestra mente. Somos lo que observamos. En consecuencia considero de tremenda importancia adiestrarnos para atender a esa etapa del proceso vital en que ponemos atención a lo que sentimos. Ello haría posible limpiar nuestra mente en forma rutinaria o en períodos dedicados específicamente a ello, de emociones y sentimientos negativos.


Estaría muy agradecido si los que realmente saben de esto, prestan atención a este escrito, y reaccionan positivamente, corrigiendo lo corregible para bien de muchos que estamos en este quehacer.

Uno de los regalos de este año de trabajo ha sido en el colegio Valdemera, un regalo que ha llegado de la mano del equipo de la Fundación Yehudi Menuhin y su esfuerzo para que otras formas de educación más humanistas estén en los coles e IES públicos de Europa.

Comento la experiencia como un artículo sobre nuevas pedagogías y utilizo las fotografías que hemos hecho en el cole. Pido por favor no se reproduzcan estas fotografías fuera del contenido del artículo.

Este proyecto tenía como objetivo llevar la meditación y las técnicas de gestión emocional a 5 grupos de niños/as de entre 6 a 11 años y 12 sesiones en horario escolar con ellos/as.

Este invierno, comenté a un maestro de meditación inglés que ronda ya los 70 , que iba a enseñar meditación a niños/as en los coles…me corrigió y me dijo que no iba a enseñar nada, lo único que podía abrir era el espacio para que ellos/as encontrasen dentro de sí mismos. Así ha sido.

El cole. Lo que impacta de este centro es el buen rollo entre el profesorado y el ambiente de amor que se respira. Esto ha hecho que con los grupos y sus tutores hayamos podido hacer una inmersión en territorios profundos y fértiles.

En una primera fase que contempla cuatro sesiones, comenzamos a introducir al alumnado en la toma de contacto con la respiración, la toma de conciencia del cuerpo interno y el silencio. Desde las primeras sesiones mostraron interés en la práctica meditativa pudiendo hacer sentadas de unos  cuatro minutos, lo cual para este rango de edad es un tiempo considerable. Conectábamos con el silencio interno y externo e intentábamos mantenerlo durante toda la hora. Esto a su vez implicaba un aumento de la atención en nuestro cuerpo y lo que pasaba en clase. Con ejercicios de teatro podíamos observar de qué forma la meditación ayudaba a concentrarnos y tener así un nivel de escucha más sutil con el grupo. En esta primera fase uno de los termómetros ha sido después de la meditación, con los ojos cerrados, contar hasta 10 entre todos sin que hubiese un orden establecido.

 

 

 

El nivel de ruido ha disminuido mucho en las clases y ellos/as se han familiarizado con el placer del silencio y han experimentado  asimismo lo sutil que es la escucha en grupo y cómo afecta al ambiente de la clase y sus posibilidades de avanzar.

En esta fase trabajábamos con un elemento de teatro “la presencia” unido a uno de los objetos de meditación “las sensaciones”

Las sensaciones en el cuerpo, junto con la atención plena, son dos elementos que la investigación meditativa nos facilita y que han sido de gran importancia.

¿Por qué es importante el despertar de las sensaciones en el cuerpo?. En la práctica meditativa las sensaciones serían el equivalente al inconsciente. Es uno de los eslabones del proceso cognitivo que lleva a desencadenar patrones de conducta no siempre provechosos. A través de la observación de las sensaciones podemos trabajar desde el cuerpo y sin necesidad, en una primera fase, de entrar en contenidos sobre patrones de conducta disfuncionales.

Hemos trabajado el despertar de las sensaciones en el cuerpo a través de la mirada a los ojos, caminar por el espacio mientras el grupo nos observa, el abrazo. En estos ejercicios se ha hecho latente que sentíamos muchas cosas a las que no sabíamos darle nombre pero podíamos señalar con nuestra mano en que parte del cuerpo estaba la sensación de la que nacía todo ese revuelto. La garganta, la boca del estómago, el pecho, etc..Hemos hecho muchísimas veces el “Test de las sensaciones” y ya están totalmente familiarizados con las mismas. Han sacado nombres para definirlas que nunca antes había oído, pero que me parecen muy acertados. Tener en al garganta tierra con agua e incluso señalar las cantidades de solidez o liquidez de las mismas… Agua con burbujas, agua, fuego, etc…Lo que me ha sorprendido es que en la enseñanza meditativa se hace siempre referencia a los elementos (tierra, aire, fuego, agua) para relacionarnos con las sensaciones pero en mi experiencia ningún adulto que no sepa nada de meditación se refiere a las sensaciones de este modo. En cambio los niños/as cuanto más pequeños eran más se referían a los elementos, sobre todo los de primero de primaria. Fue un descubrimiento ver como en las tres clases directamente explicaban sus sensaciones desde los elementos.

Esto me hace pensar que la enseñanza de la meditación no trae cosas nuevas sino que señala elementos que ya están y refuerza la sabiduría que todos compartimos.

Termino diciendo que el Test trabajaba señalando si las sensaciones eran agradables o desagradables y cómo nos relacionábamos con esas sensaciones. Se hizo evidente que cuando nos conectábamos con la sensación y le abríamos un espacio amoroso la sensación dejaba de arrastrarnos a la risa tonta, los movimientos incontrolados…podíamos caminar por el espacio erguidos y despacio, mirarnos a los ojos sin reírnos histéricamente o abrazarnos de verdad. El alumnado trabajó ver la verdad de una mirada, la sinceridad en la misma o ver cuando nos parabetábamos en un personaje barrera defensivo. (bajada de lo mental a lo emocional)

 

Foto FYME CEIP de Talavera.

 

 

El trabajo con el silencio y las sensaciones hizo que la empatía naciese por si sola. Al ver el alumnado que todos tenían las sensaciones y que esas sensaciones estaban relacionadas con los obstáculos para prestar atención o mostrar sentimientos, el ambiente hacia todos se hizo más respetuoso. Cuando un compañero/a se rompía y lloraba o mostraba emociones muy fuertes todos nos poníamos en círculo de amor y desde una emoción verdadera, no solo enunciada, mandábamos respeto y cariño al compañero/a que estaba abriendo su corazón.

Pasamos a la segunda fase, poner nombres a nuestras sensaciones, comenzar la desidentificación con el proceso mental para dar un paso atrás y volver al presente. La impermanencia

En esta fase se produjeron descubrimientos por parte de los alumnos/as que nos sorprendieron mucho.

El proceso de desidentificación con el continuo parloteo de nuestra cabeza lo definimos como el mono que va de rama en rama. Desde primero a sexto de primaria, todos conocían muy bien al mono y supieron dar el paso atrás y volver al momento presente. Esta práctica es un cimiento en la meditación y sorprendentemente lo hicieron con mucha más claridad que los adultos, pues se ve que la identificación con el mono aún no es tan fuerte. Este paso les llevó a poder diferenciar cuando se hablaba sólo desde la mente racional (el mono) o cuando venía de lo emocional, de la experiencia directa desde el cuerpo. Ni que decir que este proceso con los adultos es complejísimo, es tan fuerte la necesidad de control mental sobre el resto de inteligencia organística del cuerpo que les cuenta mucho poder bajar a este plano.

Una niña de cuarto, tras hacer una meditación que nos conectaba con el corazón lo expreso así: primero he querido escuchar a mi corazón pero me veía todo el tiempo en mi cabeza y me decía (la cabeza) que estaba muy bien, muy contenta…me he dado cuenta de que era el mono y he bajado poquito a poco hasta mi corazón y entonces he sabido que estaba triste.

Este paso ha abierto una riqueza y un grado de sinceridad enorme entre los alumnos/as. Durante cinco clases hemos trabajado la expresión de las emociones y su gestión. Ha salido mucha tristeza, agitación y miedo y hemos visto como las emociones no son blancas o negras sino que al mismo tiempo podíamos tener alegría y también algo de tristeza. Hemos visto como había fuertes tabús en relación a las emociones “negativas”. En las primeras dos clases hubo lloros y sorpresas. Tras la misma meditación de escucha del corazón, pregunté a todos qué había dicho el corazón. Una de las niñas que más profundamente concentrada estaba dijo que nada. Me sorprendió. Al cabo de 20 minutos sin previo aviso salió corriendo de la clase. La seguí hasta el baño. Estaba llorando y me miro con unos preciosos y grandes ojos para decirme muy angustiada – Es que estoy muy triste y no sé porque, no sé porque. Su angustia radicaba sobre todo en considerar que la tristeza era un sentimiento inadecuado.

El trabajo que hemos hecho en esta dirección ha sido:

  • Comenzar a romper tabús emocionales. Parecía como si todos se sintiesen obligados a ser felices todo el tiempo, a estar contentos y veían en cambio las emociones negativas como inadecuadas o algo que esconder. Al ver en clase que todos, incluida yo, sentíamos esa tristeza, rabia, inseguridad…se ha seguido trabajando el clima de apertura y se han suavizado malestares. La visión tranversal de género ayuda mucho en el trabajo de emocionalidad, principalmente con los chicos donde el tabú de las emociones y sentimientos es siempre más potente
  •  Ver cómo las emociones están vinculadas a las sensaciones del cuerpo. El rechazo a las sensaciones implica el rechazo a la emoción que de las sensaciones nace. Este posicionamiento en el NO, en el rechazo, provoca más dolor interno y una especie de cierre y ceguera hacia lo que nos está sucediendo aquí y ahora.

 

En este sentido empezamos a trabajar con la siguiente técnica apoyada siempre con ejercicios de teatro. Las meditaciones en amor y empatía. Lejos de quedarse en un enunciado bonito hemos visto a nivel físico en qué consiste el amor. Hemos trabajado generar amor en el cuerpo a través de las sensaciones y luego hemos bailado, nos hemos movido desde esa sensación…otra vez los pasos hacia una mayor regulación organística han hecho que salgan movimientos de “verdad”. Han coincidido todos en ver que el amor es sinónimo de espacio. Las sensaciones que nos llevan al miedo, la agitación, contaminan nuestra cabeza con mil pensamientos y nuestro cuerpo con gestos parásitos. En cambio cuando nos conectamos con esas sensaciones en el cuerpo y las rodeamos de espacio amoroso, el cuerpo y los movimientos se vuelven armoniosos y nos podemos expresar con libertad. Hemos ido trazando estás técnicas para poder gestionar la negatividad sin reprimirla ni apegarnos a ella.

Además al hacer las meditaciones de amor hemos descubierto cómo eso de conectar con el amor no es fácil. Casi en todas las clases ha habido niñas y niños que han dicho que no podían sentir amor, que en cambio se sentían tontos y no merecedores de amor.

Lo expresaba así: yo no puedo sentir amor cuando meditamos y digo las palabras... Hay una voz que me dice que no tengo derecho a sentir amor, que nunca he hecho nada bien en mi vida, que no tengo derecho a nada.

Sus palabras parecían más las de un adulto que las de una niña de 8 años. Parecía la mirada de la madre.  Otro chico decía sorprendido – pero si es que cuando hacemos esa meditación sólo pienso soy tonto, soy tonto… - es un efecto típico de esta meditación, poner de relieve el estado de autoestima.

 

 

 

Esto fue un gran avance pues tomamos conciencia del estado de nuestra autoestima y a partir de ahí fue más fácil trabajar. Casi todos descubrimos que tenemos esa vocecilla juzgadora. Una enorme barrera se caía y se abría la posibilidad de trabajar con esas voces, de sacarlas a lo consciente. Casi todos vivenciaron el espacio que se abre al estar en momento presente y con una actitud amorosa hacia uno mismo. A partir de aquí trabajamos un concepto básico para la gestión emocional LA IMPERMANENCIA.

El tabú de las emociones, el rechazo a las mismas y el creer que nunca se irán (que son permanentes) suelen ser las creencias inconscientes que pasamos de generación en generación. En las sesiones fuimos rompiendo esos tabús, cambiando asimismo la forma de acercarnos a las sensaciones/emociones. Intentamos abrir el espacio y generar una actitud amorosa hacia esas sensaciones. La metáfora usamos es la siguiente: Cuando estamos tristes, enfadados…localizamos la sensación más fuerte. Es como un niño/a que llora. Para consolarle no vamos a darle una torta, vamos a tratarle con cariño y atención, manteniéndonos en estado presente a través de la observación en la respiración y dejando que esté allí el tiempo que necesite.

Aquí el punto principal era ayudarle a observar la impermanencia, que todo lo que nace cesa, que las sensaciones los pensamientos y las emociones pasan como las nubes, sale el sol y vuelta a empezar…la niña que se fue al baño llorando le pregunte a solas en la última sesión que como iba su tristeza. Me comentó: me viene a veces, pero me lo tomo con más calma y al rato se va.

La impermanencia la trabajamos con varios ejercicios teatrales y un cuentacuentos.

La última fase nos ha llevado a trabajar competitividad; Comparación, Juicio y Autoestima.

La competitividad  es un elemento al que damos un amplio valor en nuestra sociedad. Vemos de qué manera esta competitividad hace daño a los niños/as en cuanto que casi siempre esconde un juicio comparativo y raramente parte de vivir la diferencia desde la igualdad de valor.

Trabajamos a través de un cuento de tradición vietnamita: el Gato Sol. Cuando preguntamos a niñas/os si tenían esa vocecilla de querer ser mejor corriendo, más guapa/o…la mayoría dijeron que sí. Trabajamos cómo la comparación partía de ser superior o inferior a otros y estuvimos observando también cómo esas comparaciones afectaban a nivel de sensación a nuestro cuerpo.

 

 

Todos coincidieron en que el espacio se cerraba y la sensación era desagradable. Por último trabajamos con herramientas propias del la antropología para la ruptura del punto de vista etnocentrista. Concluimos en la posibilidad de ir identificando esa voz que compara y juzga y propusimos investigar las diferencias con los que nos rodean desde una mirada más abierta, poniéndonos en la piel del otro y las circustancias vitales que le acompañan.

La sensación que me llevo es que nos hemos regalado muchas cosas y hemos creado unos vínculos profundos. Ellos/as eran muy jóvenes pero la expresión de sus verdades, la mirada de sus ojos hablaba de personas profundas y eso hacía que de verdad la edad se borrase de un plumazo, estando todos juntos en el mismo barco.

Termino con uno de los regalos materiales que me han hecho y que guardo con mucho cariño en mi habitación de meditación como si fuese un mural de Metta.

 

 

 

Hace unos días terminamos en Relaciona el trabajo que tres compañeros estamos realizando de educación a través del arte con la FYME.

Como ya comenté en el blog, es un programa insertado dentro del horario lectivo de colegios e institutos públicos

Aproximadamente 800 alumnos/as de entre 5 a 16 años nos han regalado sus sonrisas, su espacio y también nos han hecho perder de tanto en tanto los estribos.

 Comparto algunas de las  experiencia en el IES Arturo Soria

Antes del trabajo preparamos nuestros programas académicos y los cerramos con los tutores de los grupos, pero como ya resultaba previsible los planes se dieron de golpe con la realidad que nos hemos ido encontrando en las aulas. Por ejm mi idea era trabajar meditación a través del teatro.

Partía de esta idea, pero ya sabía que lo que te encuentras en el aula suele romper todos los esquemas, así que he ido sin plan y  con la guía interna que la reflexión de estos años de meditación y trabajo me ha  proporcionado.

 

Es aquí cuando hay que poner en práctica todo eso que intentamos trasmitir en las clases; la escucha al grupo, la adaptación a sus necesidades y arriesgar. Aunque parece que lo responsable es dejar las clases super preparadas y cerradas, tengo comprobado que es más efectivo ir con dos ideas y ver que es lo que se cocina con los alumnos/as s en el aquí y el ahora.

El resultado ha sido muy satisfactorio. Los planes cambiaron, en el IES Arturo Soria dejamos al lado la meditación. No fue posible trabajar emocionalidad pues el alumnado estaba muy a la defensiva y en su resistencia, todos ellos se dieron cuenta del gran dolor emocional que el grupo compartía.

Los cabecillas o líderes se negaron a participar en ejercicios que ponían de relieve la inseguridad y vulnerabilidad que todos compartimos. En cambio, una gran mayoría del alumnado, más silenciado en clase y con menos fuerza dentro del grupo, mostró interés. Tuvimos que cambiar la dirección de las clases, pues aunque muchos quisiesen seguir, el ambiente no siempre era lo suficientemente empático.

 

 Pasamos a hacer algo más suave con la intención de generar más sentimiento de grupo, es decir, era necesario trabajar el suelo, la base antes de poder adentrarnos en la profundidad de las emociones. Propusimos la creación de un corto colectivo entre los cinco grupos. Cada grupo se dividió en departamentos de guión narrativo y técnico, producción, cámara y sonido e interpretación. Ellos se lo guisaron todo y  conscientemente dejamos que el grupo se auto-gestionara, habiendo una mínima intervención por parte de los profesores/as.

El resultado ha sido fantástico.  A nivel de grupo, los líderes se han visto sobrepasados por el entusiasmo y el despliegue de competencia que han hecho los alumnos/as  que permanecían en un segundo plano en las dinámicas de clase. Los líderes, no han saboteado el trabajo como hicieron en los primeros talleres sobre meditación  y emocionalidad. En cambio, han participado siendo uno más del grupo o se han retirado de manera respetuosa.

El fruto de este trabajo es un corto, que aquí os dejo. Se ha realizado con 4 clases con cada grupo en coordinación con los segundos  y primeros de la ESO.

Terminamos el trabajo con la Gala Mini Oscar, donde los alumnos/as recibieron unos Oscar, no competitivos.

Se valoró lo que cada grupo había trabajado y mejorado a través de las estatuillas. Más de 100 estudiantes de otras clases y familiares, junto al director y equipo de profesores acudió a esta pequeña gala. El ambiente fué de fiesta, y de un gitantesco sentimiento de familia, dónde hubo muchas risas y aplausos por el trabajo de los compañeros/as.

 

Cada dolor del pasado fue, sucedió, quedó enmarcado allí en el pasado y aunque duela en el presente, no es el mismo dolor. El verdugo y el herido ya no son los mismos, así que ¿donde está la herida?
Si la herida no está en el presente ¿qué es lo que duele?
Si lo único que tenemos en el presente son las experiencias frescas de cada momento, ¿quién se encarga de poner el viejo dolor allí en medio?

El aprendizaje del dolor es importante, recordar el poder destructor del fuego nos salva de morir abrasados; sin embargo, ¿qué sucede con aquellas experiencias que quedan secuestradas por el miedo?; aquellas que en lugar de asegurarnos la supervivencia nos retienen en el escondite, de la desconfianza, de la rabia, de la vieja descripción de quienes éramos en el momento del dolor.

El miedo nos retiene como espectadores temerosos cargando el rosario de dolores entre las manos, acariciando cada cuenta con los dedos con tal de no dejar escapar ningún dolor; proyectando en cada nueva situación el viejo pasado, representando una y otra vez el papel del herido sobre el escenario de la vida; implorando una y otra vez que no nos toquen la herida, pero ¿dónde está esa herida?

Este fin de semana tuve mucha suerte: pude asistir al taller sobre compasión que Gonzalo Brito coordinó en la Sociedad Mindfulness y Salud de Buenos Aires. Gonzalo nos contó que una de las formas de referirse a la compasión en la tradición budista puede al mismo tiempo traducirse al español como 'cultivar', de manera que podemos imaginar a la práctica como si fuera el trabajo de un jardinero cuyo cuidado permite que algunas semillas que se encuentran dormidas en la tierra comiencen a despertar. Y así parece que lo que hemos practicado ha empezado a despertar a alguna semilla de mi jardín, cuyo primer brote quisiera compartir con ustedes a través de estas reflexiones.

En una primera mirada, el tema de la compasión parece ser terreno de la ética. Puesto que habla de la cualidad de la relación de una persona con el sufrimiento, en particular el sufrimiento de los otros, sin que falte el componente de la conducta que surge del deseo de aliviarlo, podemos pensar que el tema de la compasión nos llevará a especulaciones acerca de cuál es la forma correcta de comportarnos. Como sea, ésta es la manera en la que desprevenidamente me acerco al tema, junto con la sensación de que interrogantes sobre el conocimiento y la verdad quedan en mayor medida desconectados. Practicar la compasión me hará sin duda más feliz, la ley del karma lo dispone de esta manera, pero ¿de qué forma me conectará con la verdad? La pregunta es relevante, porque el deseo de conocimiento es un potente motor para mí. Y junto conmigo puedo contar a toda la civilización occidental judeo-cristiana, hija del pensamiento griego, cuyos personajes fundamentales Adán e Ícaro se destacaron por no poder contener la curiosidad y desobedecer la ley. Hoy observamos que nuestra sociedad establece una división profunda entre conocimiento y ética; descuida, desdeña y hasta se burla de la segunda, y corre sin control detrás de la apariencia de información que toma el primero. De esta forma tal vez el acercamiento al budismo se encuentre facilitado para algunos de nosotros, porque su enseñanza promete mostrar el camino hacia la verdad.

¿Pero cuál es esta verdad? La verdad del dharma es, con estas u otras palabras, que la dualidad es una ilusión, que no existe diferencia verdadera entre el otro y yo.

Aquí es cuando en algún lugar de la mente una semilla empieza a desperezarse para interrogar: ¿será posible alcanzar la verdad de que el otro y yo somos uno, sin vivir esta verdad en cada acción, en toda oportunidad? ¿cómo podré tener alguna vez la experiencia de la no dualidad, si sigo tratando a los demás como si fueran distintos a mí?

Recuerdo una parte del nuevo testamento. En ella Jesús cuenta que el día del juicio final todos los justos serán llamados ante Dios, que les dirá: Ustedes entrarán conmigo al Reino de los Cielos. Porque tuve hambre y me dieron de comer, tuve sed y me dieron de beber, era peregrino y me acogieron, estaba desnudo y me vistieron, enfermo y me visitaron, en la cárcel y vinieron a verme. Aquellos hombres sorprendidos le preguntarán: Pero Señor, ¿cuándo hicimos todo esto? Y Dios responderá: En verdad les digo que cuando ayudaron a mis hermanos más necesitados, a MÍ me ayudaron.

Esta parábola me hace vibrar con la sensación de que cuando me acerco a otro consciente de su sufrimiento, percibiendo el palpitar de su vida y ofreciendo el deseo de que florezca en todo su potencial, algo de la dimensión divina está presente. Si estoy atento, siempre que practique la compasión tendré una oportunidad de conectar con Dios, con la verdad y todo su misterio.

Bajo esta luz, la sentencia “ama a tu prójimo como a ti mismo” parece menos un imperativo moral que un método de conocimiento. Así la compasión aparece como una herramienta poderosa para buscar la verdad, y la distancia entre ética y sabiduría se desdibuja.

De algún modo el pensamiento inverso siempre estuvo presente en mi cabeza: qué grandioso sería alcanzar la sabiduría de la iluminación para poder ser enormemente compasivo. Ahora diría ¿estás ávido de verdad? Practica la compasión.

Me siento tan bien conmigo mismo en estos últimos años de mi vida que pienso y pienso qué puedo hacer para contarlo y, de ese modo, compartirlo. Escribo mucho sobre muchas ideas que pasan por mi cabeza en los momentos que dedico a concentrarme a observar lo que considero mis problemas. Cuando uno no pone atención a la vida, cree que no tiene problemas porque sobrevive dentro de su distracción. Pero en ese andar, no ve los árboles, el cielo, las nubes, los pájaros, las flores, el amor, los niños, las mascotas. Vive para su pasatiempo o su trabajo, para cumplir compromisos de todo tipo: económicos, sociales, laborales, políticos, religiosos, etc. Hasta donde lo he experimentado y entendido, eso no es vivir. Es correcto que, entre todas las cosas que uno debe hacer, cumpla los compromisos, pero hemos perdido la libertad, nos hemos amarrado a los compromisos. No dejamos tiempo para lo que realmente somos: seres conscientes y libres. Nos dedicamos a intentar dar una buena imagen de nosotros a la sociedad, al mundo que nos rodea, buscando algo. La búsqueda es algo que nos quita la libertad. Y lo que sea que andamos buscando, cada uno debe descubrir observándose íntimamente cuales son los problemas que evitan poseerlo. Debemos poner, aunque sólo sea por un corto período de tiempo, atención a qué es lo que frecuentemente nos inquieta y perturba.

Redescubrí a Krishnamurti después de unos diez años desde que leí alguna de sus charlas por última vez. Hace un par de años inicié un proceso de comprensión de que la intensa búsqueda de quietud para mi crecimiento personal, estaba siendo tremendamente compleja y, como cualquier otra búsqueda que había emprendido en mi vida, me estaba significando también alguna tensión interior. Leyendo a Jeff Foster, pensador de origen británico, empecé a entender que toda búsqueda significa intentar “retornar a casa” en circunstancias que, dada nuestra esencia como partes del Universo, nunca hemos estado fuera de casa. Estamos donde debemos estar y tenemos lo que debemos tener. Pero de alguna forma, nos distrajimos, perdimos nuestra inocencia original. Empezamos a sentirnos, desde muy pequeños, seres independientes y separados de los demás. Nos llenamos de temor y empezamos a buscar volver a casa. La reciente relectura de Krishnamurti (“La llama de la atención, Edaf, 2006)) terminó de mostrarme esta verdad: aquí y ahora es la eternidad para la vida que somos. Toda búsqueda significa esperar algo del futuro y de otros. Nadie nos puede decir qué hacer. La belleza y el amor están donde no está el “yo”, donde está la vida que todos somos.


Podemos observar muy de cerca lo que detectemos parezca ser un “problema” en una vida atenta y en esos momentos de meditación, formal o informal que solemos tener. Así empezamos a comprender cual es realmente el “problema”. Nadie fuera de nosotros mismos puede decirnos cuál es nuestro problema ni menos como resolverlo. Acercándonos gentilmente en nuestra consciencia a la manifestación del “problema”, podemos sentir su realidad y con ello basta para que el problema empiece a disolverse en el espacio infinito de nuestra consciencia. No necesitamos definirlo ni conceptualizarlo. Eso no es necesario en ese espacio vital, donde está todo lo que somos, el observador y el mundo observado.

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